Agradecimientos

Gracias a mi madre y a mis tías, especialmente a Claudia María Eulogia. Con su simplicidad campesina me enseñaron a alargar la mirada hacia el campo verde de alfalfa, de pastos y jarillales que se sucedían interminables, refugio para las vacas y los nidos de pájaros cotorreros. Allí, cumplí uno a uno mis años hasta llegar a los diecinueve, campo pleno a la luz del farol, pantano, esperando siempre la lluvia, la precariedad y el júbilo al crecer el río Conlara.

Gracias a mis grandes compañeros de la vida, mis animales, en especial mi perrito Piti con quien hemos compartido veinte años de caminatas y paseos. Este invierno tal vez nos separemos – camina poco -.

Reader Interactions